Hará cosa de un año, un servidor asistió a uno de esos conciertos revival que reunía a dos grupos que marcan época: La Unión y Nacha Pop.

El concierto de los segundos cobra una especial relevancia en un día como hoy. Antonio Vega, inolvidable voz de La Chica de Ayer, nos ha dejado con el mejor legado posible: su pasión por la música.

De ese concierto que mencionaba, recuerdo el `silencio sepulcral´ que se hacía cuando una voz, la de Vega, resonaba en el Palacio de Deportes santanderino. Era un silencio necesario para poder disfrutar de  la  voz ya acongojada por los excesos. Era también un silencio  que infundía respeto por tener en el escenario a un personaje que marcó tanto ese hito cultural llamado Movida Madrileña.

Esta trágica muerte, me lleva a plantearme una pregunta: ¿Es necesaria una muerte `trágica´ para convertirse en un mito?. A primera vista y en la mayor parte de los casos, la respuesta es clara: ¡Si! . A la cabeza me vienen nombres como el gran Nino Bravo o el inolvidable Federico García Lorca.

Sin embargo, si nos paramos a pensar un momento no es realmente un argumento  `de peso´ . Los mitos tienen, en mi modesta opinión,  algo especial: una capacidad de comunicar inalcanzable para el común de los mortales. Con su música, con sus gestos y con sus actores mueven masas. Recordemos dos casos tan diametralmente opuestos como Gandi y Marx, que solo comparten un carisma real ( no como el que le fabrican a los políticos que poblan la esfera) y que consiguieron movilizar, no sin dificultades, a masas movidas por una causa común.

Por lo tanto, creo que el término `mito´  se puede aplicar en cualquier ámbito de la vida social; no solo a aquello más o menos `artístico´  en las estricto sentido de la palabra ( músicos, actores, pintores).

Mitos son también aquellos que tienen una capacidad comunicativa casi `divina´y que hacen `arte´  con sus palabras y sus actos.

Al final del camino encontrarás a tu Chica de Ayer...